¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar? El derecho a la desconexión laboral

@JulioArmillas

Nuestra casa se ha convertido en nuestra nueva oficina. Las herramientas que nos proporcionan las nuevas tecnologías de la información y comunicación permiten a los trabajadores cumplir con sus obligaciones desde la comodidad de sus hogares en esta coyuntura de contingencia sanitaria causada por el virus SARS-CoV-2, ya sea a través de reuniones por Zoom, conversaciones por Telegram o WhatsApp y traspaso de información por Gmail o alguna otra plataforma de correo electrónico.

Aunque muchos verían esto como un acierto para la era de la información, el home office ha difuminado los límites de las jornadas laborales, lo que podría causar un efecto negativo en el desempeño y salud mental de quienes invierten su tiempo de ocio en atender las órdenes de sus jefes inmediatos.

De acuerdo con un estudio realizado por The Wellness and Productivity Proyect, de un total de 1,039 personas encuestadas el 41% de las y los mexicanos dedica mayor tiempo a su trabajo durante la contingencia sanitaria causada por el COVID-19.

Y es que la discusión en torno a la desconexión laboral ha sido el resultado de traducir la lucha histórica de exigir condiciones dignas en el trabajo al contexto tecnológico y social del siglo XXI.

Un antecedente directo sobre este debate radica en la segunda generación de los derechos humanos, en los Derechos Sociales, Económicos y Culturales, los cuales nacieron a finales del siglo XIX y principios del XX en constituciones políticas como la soviética y la mexicana en las que plasmaron en su texto la garantía de los derechos referentes al trabajo, como la duración de 8 horas diarias, en el caso de esta última.

Asimismo, de acuerdo con el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, al cual el Estado mexicano se adhirió el 23 de marzo de 1981, se reconoce el derecho de todas y todos de gozar condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren “d) El descanso, el disfrute del tiempo libre, la limitación razonable de las horas de trabajo y las variaciones periódicas pagadas, así como la remuneración de los días festivos”.

Ahora bien, particularmente hablando del derecho a la desconexión, éste se ha materializado en diferentes etapas y en diferentes países. En 2016 Corea del Sur y Filipinas impulsaron medidas en lo local para respetar el tiempo de descanso, ya que la clase trabajadora del primer país llegaba a trabajar hasta 11 horas extra a la semana a través de sus dispositivos electrónicos; pero el pionero en la legislación nacional sobre el tema de la desconexión laboral fue Francia, donde se reconoció el derecho a la desconexión desde el 1 de enero de 2017 a través de la prohibición del uso productivo de los dispositivos electrónicos fuera de la jornada laboral.

¿Cómo es la situación de México? Los datos nos arrojan que es necesario legislar al respecto. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2019 el 45.5% de la población ocupada trabajaba en promedio 8.3 horas a la semana y el 27.5% de la población ocupada trabajaba más de 48 horas, es decir, que diariamente (lunes a viernes), trabajaban aproximadamente 9.6 horas al día.

Aunado a esta situación, si lo contextualizamos en el escenario internacional, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, 2016) México es el segundo país, solo después de Costa Rica, que más dedica tiempo al trabajo por número de trabajadores al año, al dedicar en promedio 2,146 horas por trabajador en comparación con Alemania que solo dedica 1363 horas.

En lo que respecta a los avances legislativos, el 16 de febrero del presente año el senador Ricardo Monreal abrió el debate en la cámara alta sobre reformar la Ley Federal del Trabajo para incluir el derecho a la desconexión.

De acuerdo con sus declaraciones, iba a promover una reforma a dicha ley para que la desconexión fuera un acuerdo entre las y los trabajadores y los patrones para promover un uso razonable de las plataformas digitales.  Aunque no se ha propuesto una iniciativa de ley sobre el tema, es un tópico que ha recogido el partido MORENA para incluirlo en su agenda gubernamental.

Todas y todos tenemos derecho a descansar después de nuestra jornada de trabajo. Las herramientas electrónicas facilitan las interacciones laborales entre jefes y empleados; sin embargo, éstas deben ser usadas con prudencia, siempre en el horario establecido entre ambas partes. Es necesario reivindicar este nuevo derecho a la lucha por un trabajo con las mejores condiciones, con respeto y dignidad. 

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