La Pigmentocracia: una articulación entre raza y clase

El mestizo mexicano se estructuró bajo una connotación racial, teniendo origen esencialmente en la búsqueda de unificar la diferencia de razas existente en la historia nacional mexicana, siendo estas diferencias las que en estricto sentido desde la colonia había gestado disputas internas que no permitían el pleno desarrollo de lo nacional. 

La disputa racial se escenifica durante el México colonial pues allí surge un sistema de clasificación social al cual se le denominó castas, donde las mezclas más blancas ocupaban los escalones más altos dentro de la estratificación socioeconómica. Es decir la clasificación iba en detalle con el color de piel, siendo así que blanco era Europeo,  amarillo- Asiático, negro – Africano  e  indígena – Americano y Australiano. 

Dicha clasificación dio pie al surgimiento de una falsa jerarquía, blanca, después amarilla, indígena y finalmente negra. Esta segmentación fue la que se intentó eliminar con el proyecto de la construcción identitaria de la nación por vía del ya mencionado mestizaje, que sustancialmente dio origen a la llamada pigmentocracia

La pigmentocracia fue un concepto constituido por Alejandro Lipschütz en sus textos El Indoamericanismo y el problema racial en las Américas de 1944 y El problema racial en la conquista de América, y el mestizaje (1967), cuyo planteamiento señala que la pigmentocracia refiere al establecimiento de una relación entre poder y color de la piel y otros rasgos fenotípicos, como legitimación del dominio de personas de piel blanca sobre personas de piel oscura y que representan el eje central de la estratificación social en varios países de América Latina.

El pigmento, más que cualquier otro carácter físico, sirve de símbolo para el grupo social combatiente; este necesita siempre sus ‘colores’ –y la naturaleza los ofrece a veces bondadosamente, y con esto mismo parece justificar las pretensiones sociales del grupo. (Alejandro Liptchutz, El Indoamericanismo y el problema racial en las Américas, Editorial Nascimiento, 1944 , p.72)

En estricto sentido el color de piel ligado a la estructura de clase social fueron los elementos centrales en la justificación de la explotación y opresión a la que fueron sometidas las poblaciones indígenas durante la conquista, el desarrollo de la colonia e incluso al México independiente previo a la Revolución Mexicana.

 “La pigmentocracia en México es un sistema en el que las tonalidades de la piel son percibidas a partir de intervenciones sociales y culturales, así como vinculadas a un cierto nivel socioeconómico. En este sistema, la clase y la tonalidad de la piel, aunque no son lo mismo, funcionan como dispositivos de poder auto-reproducibles e interdependientes” (Vargas, 2015)

Como vemos el concepto se cruza necesariamente en dos líneas fundamentales, por un lado la raza y por otro la clase. Podemos explicar a  la raza como el eje central de un sistema jerárquico que genera diferencias, es decir, como un modo de organizar y clasificar significativamente el mundo, que en américa se construyó con la conquista y los Europeos como centro. Es a partir de las diferencias, la forma en que una sociedad permite generar justamente identidad, determinando en esencia un ellos y un nosotros, en un primer punto funcionalista basado en la biología, pero que al socializarse se vuelve una definición socio-histórica y cultural. 

Este fenómeno puede visualizarse claramente en dinámicas sociales, que por ejemplo se suscitan en las redes sociales digitales, tal cual paso en un intento de “broma”  que ejecutó una mujer a su trabajadora del hogar en la plataforma Tik Tok, en la cual podemos ver como se da un  ejercicio de poder, que puede ser interpretado desde el horizonte pigmentocratico, pues claramente vemos como se ejecuta por un lado la idea de que por ser blanca es o se define intelectualmente más capaz y que por otro ella tiene el control de la estructura económica. 

Durante el dialogo de la “broma” vemos frases como “Me estoy enojando” o  en tono de control “¿Por qué no compraste los 5 que te pedí?”, después disfraza el ejercicio de poder diciendo que es broma, que la quiere y que ya es pare de la familia. 

Aterrizando la problemática, la pigmentocracia es entonces una significación de la sociedad, que hacen referencia a hechos que no están genéticamente establecidos, pero con los cuales desde el discurso se inscribe en las prácticas y el funcionamiento de las relaciones de poder que organizan, regulan las prácticas sociales y sus interacciones diarias.

Lo que vemos tanto en la periferia como en el centro del sistema es que las diferencias se han ligado al género, al sexo y a la clase, además de haberse etnitizado y racializado en tanto condición de funcionamiento del mercado mundial. (Stuart Hall, El triángulo funesto, Editorial MAPAS, 2017 p. 109)

Si pensamos que la base de la sociedad es el espectro material como estructura económica, el primer lineamiento de legitimidad y diferencia por el que intersecciona la raza es la clase social, aspecto que puede ser explicado de manera histórica. Lo cual nos regresa a la estructura que menciona Lipstchutz donde la estructura de poder, históricamente se han servido de las cualidades mecánicas, física y químicas de las cosas, para hacerlas actuar como medios poderosos sobre otras cosas en el acuerdo de su propio fin, en este caso una simple “broma”.

Así que, pensemos un poco que hay detrás de estos contenidos, pues si bien estos pueden ser sin intención, si es posible visibilizar lo interiorizado que tenemos ejercicios de poder que se apegan no solo a la clase social, también al color de piel, el origen étnico, racial o nacional. 

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