El reto de las sociedades del conocimiento. Los derechos de autor en la era digital.

15 de mayo de 2020

@JulioArmillas

“Hola querides. Me parecen muy lindas sus buenas intenciones pero les pido que no circulen mis libros. […] Si no hubiera sido por las regalías de Las aventuras de China Iron, que me llevó tres años de muchísimo trabajo, habría tenido que pedir limosna.”, fue parte de lo que escribió escritora argentina finalista al premio Booker Internacional Gabriela Cabezón Cámara, en un grupo de Facebook llamado Biblioteca Virtual, donde más de 15 mil usuarios de esta red social tenían acceso a varios títulos y libros digitales que infringen los derechos de autor. 

Momentos después, una de las administradoras de dicho grupo replicó con lo siguiente: “A las personas que presentaron objeciones, dejen de preocuparse por los pdf, que no tenemos impresora, ni plata para la tinta, ni tiempo para descargar ni leer tantos libros. […] Dejen de escorchar, que al final vamos a pensar que se promocionan bastardeando el sitio.”

El relato cobra importancia en la coyuntura sanitaria que acontece ya que la gran cantidad de horas de ocio que se acumulan en el día por el acertado llamado a quedarnos en casa, se desvanecen con novelas de aventura, artículos científicos o revistas de divulgación, los cuales desconocemos si sus autores han dado conocimiento expreso de su difusión.

El crecimiento exponencial al acceso a internet ha permitido que el conocimiento sea asequible para cualquiera que tenga un smartphone, una computadora y acceso a la red.

Expertos catalogan esto como un logro, ya que de acuerdo con la Declaración de Santo Domingo: Gobernabilidad y Desarrollo en la sociedad del conocimiento, firmada por los Estados miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA) se destaca el papel fundamental del intercambio y la creación de conocimiento. Esto con el fin de construir sociedades libres, democráticas y pluralistas, considerando también la nula censura política de la información y el internet como medio para acceder a él.

La cultura se encuentra al alcance de nuestras pantallas pero, ¿qué pasa con los creadores de dichos contenidos? Amplio es el debate al respecto.

Aunque se aspira a crear sociedades donde la información se base bajo los principios de igualdad, equidad y democracia, existe legislación internacional que intenta permear con normativa a la piratería informática.

Los derechos de autor están protegidos en el marco de la propiedad intelectual, la cual se define en términos jurídicos como: “ los derechos concedidos a los creadores por sus obras literarias (que abarca únicamente las expresiones, pero no las ideas)”.

Esta causa la defienden un centenar de organizaciones que trascienden las barreras del tiempo y las fronteras nacionales, como el Convenio de Berna para la Protección de obras Literarias y Artísticas firmado desde finales del siglo XIX, el Convenio de Ginebra para la Protección de los Productores de Fonogramas contra la reproducción no autorizada, el Tratado de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual sobre Derecho de Autor,  así como las diferentes legislaturas nacionales que han abordado el tema (en México desde la Constitución de 1824), se ha luchado por proteger la originalidad y lo verdaderamente auténtico de la creatividad. 

Y es que más allá de generar una retribución a la sociedad al publicar deliberadamente contenidos sin autorizaciones expresas, desalientan a las y los autores a continuar produciendo materiales para el crecimiento cultural.

“Detrás del derecho a la propiedad subyace un sistema de incentivos para el creador con el que se pretende compensar su esfuerzo y, al mismo tiempo, promover la creación futura beneficiando así el interés general” (Farré, 2008). Aquellos que pretenden alzar las banderas de la igualdad en las redes sociales, en grupos de Facebook, Telegram o Whatsapp, están usurpando créditos que no les corresponde. 

En esta cuarentena, varias casas editoriales y centros distribuidores de literatura han habilitado links de descargas para acceder a obras literarias de manera legal y gratuita, como es el caso de Amazon (en su apartado de eBooks Kindle), Google Play (en su categoría de libros), iBooks Store, Project Gutenberg, Wikisource, entre otros. Además, centros de investigación como la Universidad Nacional Autónoma de México, El Colegio de México, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, entre otras casas de estudio, han abierto su acervo para cualquiera que esté interesado en adquirir nuevos conocimientos. 

La piratería en Internet es una práctica que no debemos normalizar. Crear sociedades del conocimiento implica respetar la propiedad intelectual de quienes con sus habilidades y procesos creativos detonan la cultura en el mundo.

Nosotros como consumidores y audiencias de la información tenemos la responsabilidad de evitar cualquier tipo de práctica que se encuentre fuera del derecho internacional y que viole las normativas locales y nacionales. En esta cuarentena podemos seguir aprovechando las maravillas del acceso a la información, el conocimiento y la cultura sin perjudicar a quienes encuentran de sus obras una manera de vivir. No hay que seguir asesinando a la literatura con un PDF

Related Posts

La censura como herramienta pública y digital: Donal Trump
Ciberactivismo y linchamientos digitales, la resolución del caso #TodosSomosJorge
La nueva colección de Nike ¿apropiación cultural u homenaje?

Leave a Reply