Mitos y realidades de la videovigilancia en México. Notas para su reflexión

@IIsraelBarajas

“Si la videovigilancia es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?”, así se titula el artículo de Galdon-Clavell en donde discute arduamente la masividad de los sistemas de videovigilancia. Debido al desarrollo de las tecnologías de comunicación, la apertura de mercado y, en especial, el internet, se ha posibilitado el acceso a la videovigilancia no sólo por parte de los gobiernos y empresas privadas sino también por parte de varios sectores de la ciudadanía, lo cual ha provocado una serie de efectos de los que no siempre se ha tenido en cuenta.

La comunicación para atención de emergencias ha mejorado pero a la vez se generan discusiones sobre la protección de datos recopilados en el espacio público. Pero no sólo el espacio público urbano sino también en el Espacio Público Digital en donde observamos, todos los días, videos sobre criminalidad, hechos de tránsito, eventos climáticos e infinidad de otras situaciones. ¿Cómo podemos entender la videovigilancia en los tiempos de las redes sociales digitales?

A través del programa de televisión educativa de la Coordinación Universitaria Abierta y Educación a Distancia (CUAED) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Dra. Lucía Carmina Jasso López, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, especialista en políticas públicas y prevención del delito, entrevistó al Dr. Nelson Arteaga, investigador de FLACSO México, especialista en el tema de videovigilancia y al Ingeniero Juan Manuel García Ortegón, Director general del C5 de la Ciudad de México, sobre los mitos y realidades de la videovigilancia en México.

Cámaras por Alcaldía en la Ciudad de México. C5.cdmx.gob.mx

“La vigilancia, afirma Arteaga, busca influir en la conducta social y también cuidarlas a través de registros mediante diferentes medios, sistematizando. Se ha usado para muchas cosas. Permite, continúa, construir espacios seguros, de protección o uso de espacios como en los centros comerciales”.

Para Nelson Arteaga, los objetos tecnológicos ni son buenos ni son malos por sí mismos sino que son los usos y atribuciones que las personas le dan a esos objetos. Esta afirmación la podemos entender también desde el concepto de técnica de Ortega y Gasset, en Meditación sobre la técnica, en donde se discute sobre la noción del “sentido previo de la técnica”, es decir, toda reforma de la naturaleza, como se define a la técnica, no nace por sí misma sino por una necesidad o deseo previo que el humano le asigna al proceso de reforma.

Ahora bien, García Ortegón indica que lo equipos tecnológicos facilitan labores de primeros respondientes o capturando delitos y estas tendencias operativas producen necesidades tecnológicas. En el caso de la videovigilancia la arquitectura de comunicaciones que asegure el flujo de video es fundamental, pero además la tecnología debe estar sincronizada con los operadores que monitorean pues ningún algoritmo actual puede sustituir al monitorista. Finalmente, la relación entre operatividad en campo y la tecnología se constituye como un elemento necesario de solucionar. 

Esta última observación nos puede llevar a pensar más allá de la realidad virtual sino a una especie rústica de realidad aumentada para el elemento humano en campo pues si bien no tiene un aparato en su propio cuerpo que le ayude como extensión para obtener información en tiempo real de su entorno urbano, sí tiene a un operador que funciona como comunicador de lo que se observa desde un artefacto tecnológico y el elemento en campo.

La realidad aumentada una herramienta tecnológica en el campo

El Dr. Nelson Arteaga insiste en que se puede crear democratización y ciudades inteligentes a través de la videovigilancia siempre y cuando se discuta el tema, manteniendo una vigilancia a quienes nos vigilan pues, además, también las personas que pertenecen al crimen organizado lo utilizan para crear su propio espacio público. Efectivamente, la PGR en 2015 desmanteló un sistema de videovigilancia en Tamaulipas. Y es acá en donde uno de los problemas del desarrollo tecnológico actual, junto con el desarrollo de internet, muestra sus peligros: puede aumentar no sólo las capacidades de seguridad sino también las capacidades de la criminalidad pues como cualquier otra actividad humana se sofistican continuamente. Así, el desarrollo de la sofisticación tecnológica impacta a todas las actividades como se ha afirmado en foros de la Academia Mexicana de la Comunicación.

“Sí hay diferencia en el caso de atención de emergencias”, afirma Ortegón. El registro sí es muy distinto pues es imposible obtener la información de otro modo. Pero uno de sus puntos negativos es que genera una percepción seguridad que no siempre está justificada. El director general del C5 considera que hay que moderar esa percepción porque no es su función principal y un sistema de videovigilancia puede funcionar como columna vertebral de un sistema de internet de las cosas. Además añade que es posible pasar de un sistema de videovigilancia enfocado en seguridad a sistemas para la atención a la ciudadanía.

Partiendo de un avance tecnológico, utilizando las propias redes sociales digitales de distintas plataformas y las propias redes sociales digitales de la ciudadanía a través de sus vecinos, ¿es posible avanzar hacia la democratización? Probablemente el tema sea responder al sentido previo de la tecnología.

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