Las redes sociales, la nueva plaza de la inquisición

Por: Mariana Guizar Rojas

Las redes sociales han crecido y se han multiplicado de forma exponencial y diversa. Fueron diseñadas con un propósito, objeto y alcance, ya sea para socializar y conocer gente; intercambiar datos, información, gustos y momentos; o incluso para realizar actividades laborales, académicas y comerciales. Todo esto con la ventaja y oportunidad de la inmediatez.

Sin embargo, el uso de plataformas digitales ha generado gran variedad de fenómenos, no siempre de carácter positivo. La frivolidad generada a través de la publicación de hechos o momentos presuntuosos es uno de ellos. 

Algunas personas suelen compartir en redes sociales viajes, compras, reuniones, fiestas y comidas, con el objetivo de presumir a sus contactos la vida y roce social. De esa forma, buscan demostrar un determinado estatus y con ello, seguir sumando seguidores, los cuales, en la mayoría de los casos, son personas que no conocen en persona y que no tienen la más remota idea de quiénes son en realidad. Aun así, se adopta un rol de influencer en el que la importancia de tener muchos followers a quienes consideran sus fans, provoca una actividad constante para construir una imagen pública llamativa.

No obstante, la frivolidad solo es uno de los fenómenos generados que incluso podríamos señalar como inofensivo. Existen otros que resultan nocivos, dañinos y peligrosos, al grado de poner en riesgo la vida e integridad de los usuarios. 

Las redes sociales se han convertido en la nueva plaza de la inquisición, en donde se puede destruir y pulverizar públicamente la imagen, honor y moral de las personas, sin contar con más información que un tweet de 280 caracteres, la difusión de un video de no más de dos minutos o la publicación de una fotografía. Cualquier post es suficiente para difamar o denostar la imagen de cualquier persona e incluso, intentar extorsionar a la gente, pero ese se trata de otro fenómeno que representa un delito y del que podremos hablar en oportunidades más adelante.

La Pena de Muerte en la España Bajo Medieval: elementos ...

Basta con subir un mensaje, un vídeo o fotografía a una red social, para que los usuarios, sin conocer a detalle el contexto o la veracidad de lo que se publica, se enganchen, opinen y comiencen el ataque público, al más puro estilo de la Santa Inquisición, tribunal religioso de la época medieval que castigaba la herejía, en donde bastaba una denuncia anónima sin sustento para que, de forma sumaria y sin posibilidad de defensa real, se castigará en el nombre de Dios a quien pusiera en entre dicho las creencias religiosas del catolicismo.

El tribunal de la Santa Inquisición, en la investigación de los hechos, aplicaba torturas y castigos despiadados para obtener confesiones y al final, emitía una sentencia que se hacía cumplir en el centro de las plazas públicas, donde se reunían de manera voluntaria los habitantes de las comunidades para presenciar la aplicación o ejecución de la condena, la cual casi siempre consistía en quemar vivos a los sentenciados.

Así, en el mundo moderno, la plaza pública para juzgar, sentenciar y cumplir la condena son las redes sociales, en donde en cuestión de minutos, los cibernautas emiten juicios y pronunciamientos públicos para reprobar hechos y conductas, sin que el señalado tenga la posibilidad de defenderse o argumentar algo a su favor, optando por las vías que ofrecen las propias aplicaciones como bloquear a usuarios, poner sus perfiles en modo privado o cerrar temporal o de forma definitiva sus cuentas.

Redes sociales: Cuando los linchamientos saltan al mundo real ...

Ya son muchos casos en los que esos linchamientos públicos exceden el ámbito de las redes sociales. Los usuarios de las plataformas suelen identificar a las personas y publicar sus datos personales como nombre, domicilio y lugares que suelen frecuentar, así como la información de sus familiares, llevando a otros terrenos las consecuencias de ser señalados.

No se trata de satanizar el uso de redes sociales, pues éstas han servido de instrumento para empoderar a la sociedad, así como para poner en evidencia actos, hechos u omisiones de la autoridad o de los servidores públicos. Además, son el medio de comunicación y contacto directo entre usuarios. Sin embargo, se debe ser responsable en su uso e interacción, tanto a la hora de opinar y expresar ideas, así como al emitir juicios.

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