Las intenciones cuentan, y cuentan mucho. El impacto de las Fake News

@JulioArmillas

El 1 de mayo de 2020 un grupo de personas irrumpieron las instalaciones del Hospital de las Américas en el municipio de Ecatepec en el Estado de México, ante el supuesto hermetismo del personal médico sobre la condición de salud un paciente con COVID-19. La noticia se difundió rápidamente por los medios de comunicación masiva, pero particularmente trascendió el testimonio de María Dolores en las redes sociales, con 282 mil reproducciones en Twitter y 763 mil en YouTube, quien afirmó que “sabemos que no existe el COVID. Aquí a mi hijo me lo inyectaron yo creo pa’ matarme a mi hijo”. Para muchos puede resultar inverosímil la afirmación de María Dolores; pero en plena fase 3 de la contingencia sanitaria en México, esa idea persiste en el imaginario social y una causa directa es la propagación de las fake news.

Una cadena de noticias falsas, rumores y desinformación ha invadido las pantallas de millones de usuarios de redes sociales en la coyuntura sanitaria que acontece. Algunas de ellas generaron efectos que solo trascendieron en el beneficio de nuestra duda, pero otras más han puesto en tela de juicio la veracidad de la información oficial o han llevado a tomar decisiones que ponen en riesgo la salud e integridad de más de una persona. Y es que, de acuerdo con Aral, Roy & Vosoughi (2018) en un estudio titulado The spread of true and false news online, se pudo demostrar que la falsedad se difunde más lejos, más rápido, más profundo y más ampliamente en diferentes categorías de información.

En este sentido, ante el abanico de noticias falsas difundidas en torno a la contingencia sanitaria causada por el virus SARS-CoV-2, es importante hacer una distinción entre ellas con base en su intencionalidad y veracidad. Wardle & Derakhshan (2018) mencionan que las noticias pueden desinformar (dis-information) cuando se crea deliberadamente información falsa para afectar a una persona, grupo social, institución o país; puede informar erróneamente (mis-information) entendiendo que es información falsa sin la intención de dañar o lastimar; o puede mal informar (mal-information) basándose en información real pero que es usada para dañar a una persona, organización o país.

Ante la coyuntura, en México se han presentado diferentes noticias que han tenido la intención de desinformar y crear repulsión hacia un grupo social en específico. Un ejemplo de ello es el supuesto robo de líquido sinovial en los pacientes con COVID por parte de las y los médicos que trabajan en instituciones de salud que atienden a pacientes con coronavirus, cuyo origen se remonta a un reportaje de un periódico local de San Luis Potosí en 2017 (AnimalMx, 2020). Aunque la noticia fue sacada de contexto, y no se cuenta con suficientes pruebas sobre la veracidad del reportaje, la intención de la noticia surtió efecto, ya que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) registró 35 quejas relacionadas con discriminación al personal del sector salud.

Asimismo, la información errónea en torno a los remedios para combatir la pandemia del nuevo coronavirus pueden venir de declaraciones de figuras políticas, como es el caso del presidente Donald Trump y sus sugerencias sobre los baños de luz ultravioleta y la posibilidad de inyectarse desinfectante, lo cual generó que en estado de Nueva York se registraran 10 casos por exposición a la lejía, 9 casos por exposición al Lysol y 11 más con productos relacionados con la limpieza en el hogar (El Universal, 2020). Ante esta situación, la compañía fabricante del producto Lysol, Reckitt Benckiser emitió un comunicado, advirtiendo que en ninguna circunstancia ese producto se debe administrar en el cuerpo humano.

Por último, un ejemplo del uso de información de verdadera utilizada para dañar a una persona, grupo social o país es el caso del origen del COVID-19 y las especulaciones que existen al respecto. Aunque está comprobado que los primeros casos de este nuevo virus se registraron en China, en la ciudad de Wuhan, diversas declaraciones por parte de Estados Unidos han compartido que el SARS-CoV-2 tuvo origen en un laboratorio del país asiático. Sin embargo, hasta esta fecha, dicha información no ha sido respaldada ni confirmada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Ante la actual crisis de la diferenciación de la verdad y la mentira; y tras la apabullante propagación de noticias falsas y de desinformación ¿qué podemos hacer las audiencias al respecto? Una propuesta que ha venido desde la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencias y Cultura, la UNESCO, es la alfabetización mediática e informacional de las sociedades. Dicha herramienta reconoce la importancia de la información y los medios de comunicación en la sociedad actual y propone educar para evaluar críticamente los contenidos y tomar decisiones fundamentadas como usuarios (UNESCO, 2017). Nuestra responsabilidad en esta era de la postverdad aumenta exponencialmente ante el gran vórtice de información que tenemos a nuestro alcance y la posibilidad de compartirla con miles de usuarios con solo dar un clic. Nuestras decisiones deben estar a la altura de esa responsabilidad, estando siempre conscientes sobre el impacto que puede tener ese “retweet”, “compartir” o “reenviar”.

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