Comunicación digital en la elección 2018

@_OXIDO_

A dos años de la elección presidencial del 1 de julio de 2018 y que le dio uno de los triunfos más abrumadores de la historia a Andrés Manuel López Obrador, es pertinente, a la distancia, hacer una reflexión a manera de recuento; del papel que la comunicación digital tuvo en dicha elección histórica y ponderar, su real valor en ese momento decisivo para el país.

Es oportuno indicar, que la elección no inició con condiciones similares y mucho menos parejas para la y los candidatos, pues es claro que el conocimiento que la sociedad tenía de Andrés Manuel López Obrador, AMLO; era mayor que la de los otros participantes, pues su imagen, su nombre y en cierto punto, sus propuestas; eran conocidas desde inicios del siglo.

Así, para un gran número de votantes, principalmente para el abundante grupo de jóvenes de apenas 18 y hasta los 30 años, el nombre de AMLO era parte ya de los recuerdos de prácticamente toda su vida. Hablamos de un candidato que en ese momento se podían catalogar como “eterno aspirante” a la presidencia, tal y como a la generación de votantes de finales de los noventas (generación X), les sucedió con Cuauhtémoc Cárdenas y su presencia en las boletas electorales desde 1988 hasta el 2000.

De ésta última comparación, entre Cárdenas y López Obrador, es claro que existen factores que permitieron en un momento el fracaso de un candidato recurrente como Cárdenas Solórzano por un lado y el triunfo del otro candidato, el también persistente AMLO 18 años después; pero con factores más favorables para su causa.

Para Cárdenas, en la década de los noventa, no era posible la participación amplia y democrática de la sociedad en la vida política, las agendas continuaban siendo dictadas por el gobierno y grupos de poder afines que transmitían los mensajes del régimen por los escasos y controlados canales de comunicación, y que en ese momento eran de una sola vía, sin oportunidad a que la opinión pública ejerciera verdadera presión en los círculos de poder, no como ahora.

Sí bien, en el año 2000 Cuauhtémoc Cárdenas y su corriente política opositora fueron factor para que el clima político y social diera paso a un cambio en el poder, no contó con el carisma y no supo enarbolar y liderar el ánimo social que se decantaría por la frágil propuesta de cambio de Vicente Fox; sin embargo, ese impulso fue retomado y aquilatado por López Obrador 18 años después, ahora como una extensión (spin-off) de esa izquierda, misma que contó con condiciones muy favorables en 2018, como lo fue un ánimo social de hartazgo con el grupo en el poder de ese momento e incluso con los anteriores. 

En el 2000, la apertura mediática permitió al elector acceder a otros espacios donde podía expresar su opinión. Los medios tradicionales como la radio, televisión y prensa, dieran apertura a candidatos de oposición, abriendo a la percepción de la sociedad, la posibilidad del triunfo de un candidato diferente al del partido oficial a nivel presidencia de la república.

Para 2006, las redes sociales en plataformas digitales como las conocemos ahora, estaban iniciando su masificación, misma que en México debió esperar la evolución tecnológica, pues si bien, los celulares ya eran populares, el intercambio entre usuarios se daba a nivel mensajes texto (SMS), con una dispersión lineal de poco alcance.

Por su parte, plataformas de redes sociales como Hi5, My Space, Facebook, YouTube, Flickr, LinkedIn, Xing y Twitter entre otras, principalmente usadas por jóvenes; dependían de que los usuarios accedieron por medio de sus computadoras personales, ya que el internet móvil en celulares y las aplicaciones para los mismo no eran lo más accesible.

Así, en 2006, las elecciones se condujeron todavía de manera tradicional en los medios y en eventos masivos, hubo incluso espacio para campañas negras en la televisión, como la compra de espacios publicitarios por parte de organizaciones o particulares, como fue la campaña “AMLO un peligro para México”; que a la distancia, da un atisbo a lo que vendría a darse con los campamentos de bots, fabricación de tendencias y fakenews en los tiempos recientes.

Para la elección presidencial de 2012, las redes sociales estaban, sino consolidadas, si eran ampliamente difundidas; pero aún eran un espacio de discusión emergente, ya se daban debates, confrontaciones y la narrativa estaba tomando fondo político con mayor fuerza, un ejemplo claro fue el movimiento del #YoSoy132.

Twitter ya era un espacio de denuncia y sus tendencias cobraban mayor relevancia; existía una disputa clara entre el gobierno y grupos de la sociedad civil, con una alta presencia de usuarios que, valiéndose de sus teléfonos con cámara y la posibilidad de comenzar a transmitir en directo, denunciaban actos de injusticia principalmente, ejerciendo el llamado “periodismo ciudadano”.

La Elección de 2012 se dio en un clima de amplia participación social, existieron denuncias sobre compra de votos y episodios como el de las tarjetas de Soriana, así como la falta de boletas en ciertas casillas entre otros casos; sin embargo, a pesar de la participación social y denuncias en redes sociales, los partidos de oposición no estuvieron a la altura del ciber-activismo ciudadano, no tenían estrategia de redes sociales, por lo que a final de cuentas hicieron una defensa ridícula de la elección, tanto en el espacio virtual, como en el plano legal.

El poder o impulso que las redes sociales dieron al ímpetu social, no tuvo freno durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, incluso puede decirse que su gobierno, con sus fallas y omisiones, favoreció el activismo en redes sociales por el descontento que desde el primer día de su administración incentivó; tal y como deja patente la tendencia del llamado “#1D” que enarboló las protestas del primero de diciembre de 2012 y posteriormente identificó y aglutinó las denuncias por los actos de represión y los enfrentamientos entre manifestantes y la autoridad.

Es en ese contexto, que Andrés Manuel López Obrador, se inserta con mayor ahínco en las redes sociales, observa bien que son un espacio abierto donde las voces que claman justicia tienen resonancia, al igual que las filias y fobias. Queda claro que, con la construcción de redes de empatía e incluso de fobias, se puede sacar provecho del nuevo espacio para el debate político y la comunicación digital que representan redes sociales como Facebook y Twitter.

AMLO durante el sexenio de Peña Nieto, reconstruye y posiciona una narrativa que traslada a lo digital en las redes sociales, donde se muestra cercano al pueblo y comparte críticas al gobierno, al igual que miles de ciudadanos tanto afines o no a su nuevo partido (Morena). Su comunicación digital se nutre de temáticas como el combate a la corrupción, delincuencia, la preocupación por los pobres, e identifica una tendencia que resultará un pasaporte al éxito, el hartazgo social.

Los episodios de los estudiantes de Ayotzinapan #LosQuéremosVivos, la violencia del crimen organizado #NoMásSangre, la violencia de genero #NiUnaMenos y contra periodistas #NoSeMataLaVerdad #PrensaNoDisparen, los escándalos de corrupción como #LaCasaBlanca, el #Gasolinazo, la visita de Donald Trump #TrumpGoHome y otros episodios; fueron tendencias que reforzaron el clima social, además de la deficiente elección de candidatos de los otros partidos, sumaron a que, desde el último trimestre de 2017, el único candidato reconocible y seguro para contender en 2018 por la presidencia de la república, fuera López Obrador.

Con una amplia base de seguidores y simpatizantes que desde la elección de 2012 habían permanecido activos en las redes sociales, la estrategia de presencia y generación de mensajes y narrativas a favor de Andrés Manuel, tuvo una difusión orgánica en redes como Facebook y Twitter; logrando superar las estrategias de las granjas de robots (bots) y campañas de spots, así como de tendencias artificiales creadas por agencias y consultoras contratadas por los otros partidos.

Todo embate en redes sociales contra López Obrador recibía respuesta inmediata por parte de los simpatizantes de AMLO o por opositores al gobierno de Peña Nieto, quienes tuvieron en las redes sociales digitales, un medio propicio, donde podían hacer replica de forma natural y creativa, además de la difusión y dispersión inmediata a través de otros simpatizantes de AMLO y/o antagonistas del gobierno, superando de forma sencilla, la acción de posicionamiento artificial de sus contrapartes.

Ejemplos como #Verificado2018, dan cuenta de esfuerzos por combatir fakenews y del poder de organización de la sociedad; recordemos que el antecedente directo de dicho movimiento es #Verificado19S, generado de forma orgánica desde la sociedad tras el desastre del sismo del 19 de septiembre 2017 y lo ineficaz de las autoridades y gobierno para difundir información y organizar rescates y la atención de la contingencia.

Tal y como lo había comprobado al ser Jefe de Gobierno e implementar las conferencias mañaneras, López Obrador entendió que dictar la agenda política redituaba de forma favorable en el posicionamiento, y ahora, con una campaña de 18 años, el conocimiento de la gente y la posibilidad de iniciar antes que nadie la campaña electoral; además de una moderación del discurso, tornándose menos agresivo y hasta conciliador; AMLO, aprovechó las redes sociales para posicionar los temas de su interés y guiar lo que se decía de él, optando por una conversación en una sola vía, emitiendo sus mensajes, posicionando su imagen, haciendo uso incluso del humor, como fue llamarse “Andresmanuelovich”, sin enfrascarse en discusiones, rehuyendo las confrontaciones incluso en los debates presidenciales (Riqui Riquín Canallín).

En 2018, la estrategia de comunicación digital de AMLO, aprovechó el ambiente social existente, una lectura adecuada le permitió advertir la tendencia social por un cambio del partido en el poder, pero no el retorno de partidos anteriores que ya habían decepcionado.

AMLO tenía un amplio apoyo por parte de seguidores y un gran número de electores afines; la estrategia digital de López Obrador fue limitar sus mensajes haciendo uso de vídeos en locaciones singulares y cotidianas, sin pretensiones, guardando coherencia con su narrativa de austeridad y cercanía al pueblo. 

En la comunicación digital, un baluarte del triunfo de López Obrador, sin duda fue el equipo de contención en redes sociales liderado por Tatiana Clouthier, para repeler los ataques y generar un frente orgánico y nativo digital para contraatacar y resistir sin exponer la imagen del candidato.

Además, la estrategia de comunicación fue apuntalada por la participación espontánea e inédita de la sociedad, repeliendo ataques, generando mensajes de apoyo, siendo críticos de los oponentes y observadores activos del proceso electoral en su conjunto. Gracias a estos factores, López Obrador, pudo manejar un perfil bajo, con el que, sin embargo, podía dictar la agenda y a la vez, esperar el paso del tiempo hasta la llegada de la elección y su eventual triunfo.

Las benditas redes sociales, como las llamaría a la postre con la victoria, no le hicieron ganar la elección a Andrés Manuel López Obrador por sí mismas; simplemente fueron reflejo de un momento social y político; un termómetro del clima y humor social, tal y como lo son hoy en día. Las redes sociales digitales reflejan el sentir de una sociedad y dan espacio para las conversaciones que irán moldeando la opinión pública.

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